Morena: un giro de 360 grados en el país

Ayer se cumplió una semana del fenómeno que dio un giro de 360 grados a la vida política del país.

Sí, 360 grados porque en muchos sentidos, la configuración y eventualmente las formas de ejercer el poder regresaron a un punto en el que se encontraba en la década de los 70.

Con diferentes actores, distintas premisas, plataformas, expectativas, y contextos nacionales e internacionales, Andrés Manuel López Obrador llegará a la presidencia de la República con un caudal de votos de más de 30 millones de mexicanos, que al mismo tiempo mandataron una configuración mayoritaria en el Congreso de la Unión, que de alguna manera nos remite al régimen de partido casi único, en el que el PRI hegemonizaba las cámaras y, con una presencia minoritaria y hasta marginal de otras fuerzas políticas, el presidente refrenda su condición de tlatoani, y tiene una cómoda mayoría para sacar adelante sus iniciativas y su ejercicio del poder.

No es, desde luego, una copia al carbón de aquellos años, pero sí tiende a parecerse mucho.

Entre las cosas que han cambiado y que será importante tomar en cuenta, es el redescubrimiento ciudadano con sus instituciones, que por primera vez desde 1988 cruzaron el embravecido mar electoral, sacando adelante un proceso bastante conflictivo, polémico, polarizado y no exento de noticias fatales, como el asesinato de más de 120 protagonistas del mismo, en todo el país.

Hasta hace ocho días, muy pocos apostaban por una transición de terciopelo, como parece estarse perfilando desde el mismo domingo por la noche, cuando los tres candidatos presidenciales perdedores salieron a reconocer el triunfo de Andrés Manuel y enviaron una señal de estabilidad que alienta la esperanza de una transmisión del poder pacífica.

En esto tuvo mucho que ver la contundencia del resultado, que no dio pie a las impugnaciones típicas de otros procesos, encabezadas, ciertamente, por quien hoy se alzó con una victoria inobjetable.

Hay, desde luego, campanas al vuelo por un lado, y lamentos por otros que comienzan ya a salir del nocaut en que los dejaron y a señalar que el paraíso prometido en campaña no es sino sólo promesas que empiezan a diluirse entre las declaraciones de los principales colaboradores del presidente electo.

Aunque faltan más de cinco meses para que se cruce la banda presidencial al pecho y empiece a perfilar realmente de qué va su proyecto de nación, las redes sociales consignan ya dudas respecto a temas en los que Andrés Manuel fue muy insistente durante su campaña, y que ahora comienzan a llenarse de matices.

La reforma para crear una fiscalía autónoma, que siempre no va; la permanencia de la evaluación docente, la indexación de los precios de los combustibles a la inflación, un avión presidencial que podría no venderse, un aeropuerto que siempre sí podría construirse donde está planeado, la posible incorporación al gabinete de seguridad del señor Mondragón y Kalb, que no cayó bien ni entre muchos simpatizantes de Morena, son algunos de los temas que están desde ya, causando polémica.

Andrés Manuel todavía ni se sienta en la silla del águila y habríamos de esperar a que lo haga, pero los cuestionamientos ya están a la orden del día y este es un fenómeno que también debe analizarse con cuidado.

Las redes sociales abrieron los diques de la inconformidad contra el estado de cosas de una manera impresionante. Los ciudadanos alzaron su voz con la crítica despiadada, se cebaron en los protagonistas de lo que ya puede considerarse el viejo régimen, la mayoría de las veces con razón y también con un encarnizamiento feroz, que no respetó vidas ni honras.

Pero esos diques quedaron abiertos. La gente también descubrió lo que se puede hacer en las redes sociales, donde nada ni nadie está a salvo de la impugnación, la crítica, la difamación, el escarnio, las fake news y las campañas negras.

Ese fenómeno ya lo vivimos en Sonora hace apenas tres años. El gobierno de Guillermo Padrés, sumamente desacreditado por sus actos de corrupción, nepotismo, tráfico de influencias; por su soberbia y su falta de respeto a los disensos ciudadanos, fue lapidado en las redes. Desde su gobierno y en esas mismas redes, se enderezaron campañas sucias contra sus adversarios políticos y contra cualquiera que osara disentir de su ejercicio gubernamental. Eso incrementó el odio y la polarización. Hoy pasó lo mismo en la contienda federal.

Para la jornada electoral de junio de 2015, el candidato de Guillermo Padrés, Javier Gándara fue arrasado en las urnas por un electorado que no le perdonó sus errores, omisiones y deliberados actos de corrupción. Ni siquiera con el uso del aparato de estado y su estructura de partido en el gobierno, Padrés pudo contener esa ola.

Claudia Pavlovich llegó al gobierno del estado con un grado de legitimidad en las urnas muy alto. De hecho, durante sus tres primeros años de gobierno fue reconocida nacional e internacionalmente entre los tres gobernadores mejor calificados del país.

Y sin embargo, de poco le valió ese bono democrático el pasado primero de julio. Los candidatos del PRI perdieron todas las posiciones más importantes en disputa, y en la mayoría de los casos, frente a candidatos de Morena que ni siquiera sudaron una camiseta en campaña.

Estamos pues, frente a la reducción del bono democrático entre una ciudadanía cada vez más crítica y con sus propios foros públicos para alzar su voz y hacerla valer.

El propio Andrés Manuel y el resto de candidatos ganadores deben saber que la luna de miel con sus electores puede durar muy poco y por tanto, estarán expuestos a la crítica no sólo de sus adversarios políticos naturales, sino de sus propios simpatizantes que podrían sentirse defraudados si sus expectativas no se cumplen rápidamente.

Muchos de los votantes de Morena lo hicieron motivados por el hartazgo contra el PRI y el PAN, ni duda cabe. Y tras su voto iba la exigencia de ver rodar cabezas y solazarse con el sonido de las esposas sobre las muñecas de los “malditos corruptos que destruyeron el país”.

Las declaraciones que empiezan a surgir desde el equipo de El Peje, y del propio presidente electo en el sentido de que Peña no hizo nada malo, de que algunas cosas no estaban tan mal como pensaban, que la mafia del poder y la minoría rapaz siempre no eran tan diabólicos y que otras cosas no se van a poder llevar a cabo, pueden alimentar el desencanto, como parece estar sucediendo prematuramente.

Veremos cómo maneja esta situación el nuevo gobierno, y para eso hay que esperar el primero de diciembre. Mientras tanto, todos a la expectativa.

II

En el plano estatal, hasta unos días antes de las elecciones, panistas y morenistas insistían en que se fraguaba una “elección de Estado”, pero en realidad, la jornada del primero de julio se llevó a cabo en medio de una civilidad apenas manchada por hechos de violencia aislados y, sobre todo, sin la utilización del aparato gubernamental para incidir en los resultados.

Si todavía el 2015 fue notable el uso de los cuerpos policiacos estatales y municipales para intimidar, detener y hasta para acarrear votantes sobre todo en poblaciones rurales del sur del estado, esta vez las corporaciones se limitaron a cumplir sus funciones como vigilantes para que la jornada se desarrollara en paz.

El secretario de Seguridad, Adolfo García Morales, que acredita experiencia vasta en asuntos electorales, se mantuvo respetuosamente al margen del tema, concentrándose en servir con lealtad a las instituciones y sobre todo, a la gobernadora, sacando adelante el proceso sólo con incidentes menores. Eso también es una señal a favor de la civilidad.

II

La mayoría de los candidatos electos en Sonora recibieron ya su constancia de mayoría que los acredita como tales.

Los aspirantes al senado por Morena, Lilly Téllez y Alfonso Durazo, así como la del PRI, Sylvana Beltrones recibieron sus constancias de mayoría, aunque tanto Alfonso como Sylvana enviaron representantes por encontrarse atendiendo asuntos en la ciudad de México.

También la alcaldesa electa de Hermosillo, Célida López hizo lo propio.

La gobernadora ha estado, durante los últimos días enviando mensajes de reconocimiento a los alcaldes electos desde su cuenta de Twitter, con un llamado a la coordinación futura, ya en el ejercicio de sus funciones. Eso también abona a la civilidad, que se va a requerir a partir de septiembre.

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