La legislatura de la revancha 


Están dadas todas las condiciones para que la LXIII Legislatura de Sonora, instalada ayer a primera hora pase a la historia como una de las más relevantes en los tiempos modernos.

No solamente porque la anterior les dejó la vara muy abajo, pasando al registro como una de las más grises, con menos nivel en los debates y las iniciativas presentadas; con más historias tenebrosas de traiciones y puñaladas traperas entre diputados y diputadas que básicamente pretendieron legislar a base de exhortos.

No. La legislatura ya en funciones será histórica por varios motivos, el primero de ellos es que por primera vez luego de 30 años llega una mayoría calificada afín al gobernador electo; también es la primera integrada por más mujeres que hombres, pero sobre todo, será imprescindible darle seguimiento a una agenda que desde ya, se perfila para comenzar a desmontar al menos en parte, el andamiaje jurídico que norma la vida institucional y la relación entre los poderes del estado, comenzando por el propio Congreso.

Así es. Desde la bancada de Morena se cocina ya una reforma a la Ley Orgánica del Congreso que dará mucho material para la crónica legislativa, que tendrá como protagonista central a la aplanadora guinda, que esta vez viene súper reforzada y sin intenciones de ceder un ápice en su condición de mayoría calificada.

De hecho, se habló mucho en días anteriores sobre el famoso ‘voto 22’, encarnado en la diputada plurinominal del PES, Paloma María Terán Villalobos, quien desde un inicio anunció su disposición a sumar su voto al de la bancada de Morena garantizando así la mayoría calificada requerida para las reformas legales de gran calado.

Pero es claro que la aplanadora guinda no quiere dejar cabos sueltos ni oportunidad para el azaroso juego de las lealtades políticas, de manera que en la misma noche de instalación de la nueva legislatura, la diputada nogalense Azalia Guevara Espinoza (PT) anunció su adhesión a la bancada de Morena con lo que este partido no solo tiene la mayoría calificada (22 votos) sino que estará sobradita por si se alguna llanta se le poncha en el camino, para citar a un clásico de triste memoria en la legislatura antepasada.

Azalia, como usted sabe, es hermana de la directora nacional del deporte, la ex velocista Ana Gabriela Guevara.

Otra diferencia con la anterior legislatura es que ésta contará con algunos perfiles interesantes en los principales partidos con representación allí. Algunos que ya acumulan experiencia y no se cuecen al primer hervor, otros que acreditan un largo colmillo en el mundo de la política y en el servicio público.

De Morena, por ejemplo tenemos a Ernestina Castro Valenzuela y Raúl ‘El Pollo’ Castelo, que refrendaron sobradamente sus cargos en las urnas, y el mismísimo Jacobo Mendoza que entró por la puerta grande para presidir la Mesa Directiva. Nadie debe perder de vista al ex dirigente estatal de su partido porque es el de la interlocución directa con el gobernador electo y el que trae las principales iniciativas de reformas.

Por el PANAL llegó un cachorón muy apedreado en la práctica legislativa y el cabildeo político: el profesor Fermín Trujillo Fuentes.

De los cuatro diputados del PAN, dos ya han ocupado esa curul: José Armando Gutiérrez Jiménez, mejor conocido como ‘El Bigotes’ y Alejandra López Noriega, que con esta, ya suma tres legislaturas locales en su trayectoria, en la que además se suma una diputación federal. De María Sagrario Montaño no tenemos muchas referencias, pero el cuarto diputado panista es Ernesto ‘Kiko’ Munro, que ostentará la coordinación de su bancada y no tiene experiencia legislativa, pero ha sido dos veces alcalde de Puerto Peñasco y es un activo indiscutible de ese partido. Colmillo tiene.

Por el PRI aparecen dos cuadros probados en la política, polemistas excepcionales y conocedores por experiencias directas en el servicio público: Ernesto de Lucas Hopkins, que será el coordinador parlamentario y Natalia Rivera Grijalva. El primero ya fue diputado federal, secretario de Seguridad con Eduardo Bours y de Educación con Claudia Pavlovich; actualmente firma como dirigente estatal de su partido y está por concluir su periodo.

Natalia fue una pieza fundamental en el triunfo de Claudia Pavlovich sobre Javier Gándara y se batió en la primera línea de fuego en esa fragorosa campaña; los seis años anteriores a este se desempeñó como jefa de la Oficina del Ejecutivo, por lo que si alguien conoce de cerca los detalles finos del ejercicio de gobierno es ella. Es además un hueso durísimo de roer a la hora del debate.

Karina Zárate por su parte es una joven pero experimentada mujer que también tiene cicatrices de batallas electorales, es una buena organizadora y conoce al dedillo las políticas públicas, sobre todo en el área social. Su paso por la dirección del sistema DIF estatal terminó de consolidar su vocación por los grupos vulnerables, hacia los que ya perfiló su quehacer legislativo con propuestas interesantes para su atención.

Junto con Ely Sallard son caras nuevas en la política, pero de ninguna manera carecen de experiencia en esas lides. Haber ganado sus distritos en Hermosillo, bajo las condiciones adversas que ofreció la pasada coyuntura electoral fue una prueba de fuego que superaron tintas en sangre (metafóricamente) y seguramente nos darán sorpresas en su ejercicio como legisladoras.

No hay que perder de vista tampoco a la maestra Rosa Elena Trujillo, de MC, que en los últimos años ha progresado enormemente en el mundo de la política partidista, al que llegó proveniente de la academia en la Universidad de Sonora. ‘La Pinky’, como se le conoce familiarmente, es muy buena como amiga, pero como adversaria está llamada a ser una voz crítica e informada.

Como hemos citado en despachos anteriores la nueva legislatura nos ofrece, cambiando lo que haya que cambiar, una integración similar a aquellas de finales de los 80 y principios de los 90, con una mayoría indiscutiblemente afín al partido en el gobierno, que invariablemente le pasaba por encima a una oposición aguerrida, pero minoritaria.

¿Ustedes creen que se olvida, por ejemplo aquella sesión en la que se aprobó por la aplastante mayoría del PRI-PAN-PARM-PFCRN, la Ley 4 de la Universidad de Sonora? Solo el perredista Juvencio Torres Ávila votó en contra esa vez.

Muchos de los actores políticos que hoy peinan canas en Morena eran académicos, estudiantes o trabajadores de la Unison, opositores a esa reforma que por cierto será sometida a revisión y seguramente modificada en esta legislatura.

Ese fue un caso, pero hay una buena cantidad de grupos sociales cuyas agendas estuvieron fuera de la órbita de las mayorías dominantes en legislaturas pasadas, y que hoy ven en la nueva composición de la actual, una oportunidad para no solo llevar al pleno sus demandas, sino para traducirlas en reformas legales: matrimonio igualitario, legalización de la mariguana, interrupción legal del embarazo entre las más notables.

Quizás la diferencia ahora es que la mayoría afín al partido en el gobierno no está compuesta por decanos, como aquellos tiranosaurios rex de la política del siglo pasado, expertos en leyes, forjados en campaña y cuajados en el ejercicio de la política de esos años.

Jesús Enríquez Burgos, Enrique Fox Romero, Gonzalo Hirata Rubiano, Feliciano Valenzuela, Ricardo Ibarra García, Adolfo García Morales, Oscar Acuña Bravo, Gilberto Otero Valenzuela, Roberto Sánchez Cerezo, Francisco de Paula García Corral por citar algunos de las legislaturas entre 1988 y 1994.

Y antes de que me ‘troleen’ recordando que además del retorcido colmillo político de esos ejemplares, todos desarrollaron al mismo tiempo una reconocida fama de bandidos, les recuerdo que esa era la escuela del PRI en la que abrevaron por años, muchos de los que hoy militan en Morena, incluyendo, sí, al queteco.

El punto es que ahora la historia parece estar a punto de repetirse pero con los papeles invertidos.

Siempre voy a citar la sonrisa socarrona y autosuficiente con la que solía salir Gilberto Otero de las sesiones del pleno, después de pasarle por encima la aplanadora tricolor a una oposición combativa y documentada, pero minoritaria al fin, para decir, encogiendo los hombros y mostrando hacia arriba las palmas de las manos: “ni modo, nos volvieron a minoritear”.

¿Quién será, en esta nueva legislatura el Gilberto Otero que salga a decir lo mismo, no sin cierto aire de venganza?

Eso lo vamos a ver más temprano que tarde.

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